La Santa Sede ¡A Su Lugar!
Laura E. Asturias
Diario Siglo Veintiuno (Guatemala), July 10, 1999

Es innegable que el Vaticano, como escribe José Joaquín Camacho en su artículo del sábado pasado, ha jugado un papel importante a favor de la dignidad humana. Pero es tergiversar la verdad afirmar que "su credibilidad crece en cada momento". No es así, y ciertos hechos lo confirman.

En su artículo, Camacho se refiere a una campaña que, según él, "ha sido lanzada por una organización de control de la población, que promueve el aborto entre los católicos". De hecho, lo que esta iniciativa pretende es que la Organización de Naciones Unidas le retire "los privilegios gubernamentales a lo que en realidad es un cuerpo religioso": al Vaticano, gobierno de la iglesia católica. La campaña reconoce que éste ha hecho "aportes positivos a través de la ONU a la paz y la justicia", pero que ello "no debería ser utilizado para justificar otorgarle el estatus de Estado a una institución religiosa" y que "la participación gubernamental en la ONU debería ser reservada a Estados reales".

¿Por qué Camacho omite señalar que esta iniciativa viene de la organización Católicas por el Derecho a Decidir; es decir, de la misma comunidad católica? Porque aclararlo sería reconocer la fuerte disidencia al interior de esa comunidad, y con ello se vería cuestionada su otra afirmación: que "para la entera sociedad, la posición internacional de la Santa Sede es algo consolidado".

¿Por qué tergiversa el columnista los objetivos de esa organización diciendo que ésta "promueve el aborto"? Porque decir la verdad ante lectores que no la conocen ayudaría a desbaratar uno de los principales mecanismos "morales" que el Vaticano ha utilizado sobre los católicos: el control sobre la sexualidad. Sería reconocer que estas católicas promueven la libre decisión de las personas y las parejas para el espaciamiento de los embarazos, usando métodos anticonceptivos modernos, como de todos modos ya lo hace la mayoría de católicos que pueden costearlos, amparándose en sus derechos constitucionales.

El deterioro de la popularidad y credibilidad del Vaticano fue notable en la reducción del apoyo de sus consagrados aliados durante la reunión realizada en días pasados en Nueva York, en la que se revisaron los avances del Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (CIPD). En 1994, cuando se llevó a cabo la CIPD, sólo once países (incluida Guatemala) apoyaron totalmente la muy desfasada postura vaticana en cuanto a la salud sexual y reproductiva. Cinco años después, la Santa Sede se ha quedado con el respaldo de sólo dos países: Nicaragua y Argentina.

Y no confundamos una postura gubernamental con el sentir y actuar de la gente: en Argentina, una reciente encuesta entre católicos reveló que el 94.4 por ciento utiliza métodos anticonceptivos, pero sólo el 36.7 por ciento usa los aprobados por la iglesia.

Esta vez, en Nueva York, los Estados se impusieron. Y no sólo éstos: el día que concluyó esa reunión, durante las sesiones en el Comité Especial, cuando el jefe de la delegación vaticana intentó tomar la palabra, el presidente del Comité le recordó que en éste, siendo la Santa Sede un Estado Observador, no tenía derecho a hablar.

Este 11 de julio, Día Internacional de la Población, el mundo tendrá mucho que celebrar. Porque lo que todos estos acontecimientos representan es la firme intención de las sociedades progresistas de no permitir que la Santa Sede siga inmiscuyéndose en lo que no le compete: en las decisiones que la gente toma, basándose en su libre albedrío y su propia moralidad, en el ejercicio de la sexualidad.